El motoarrebatador de Agustín Toscano, proyecto del Curso 2016, en la Quincena de Cannes.

Agustín Toscano.

Entrevista a Agustín Toscano, director de “El motoarrebatador” (Quincena de Realizadores) – #Cannes2018

Por Diego Batlle
Los dueños, su ópera prima codirigida en 2013 con Ezequiel Radusky, se estrenó en la sección Semana de la Crítica de Cannes, donde obtuvo la Mención Especial del Jurado. Cinco años más tarde, este artista nacido en 1981 y formado tanto en la Licenciatura en Teatro de la Universidad Nacional de Tucumán como en la Escuela Universitaria de Cine, Video y Televisión de esa provincia debuta en solitario con esta película con Sergio Prina, Liliana Juárez, León Zelarrayán, Daniel Elías, Camila Plaate, Pilar Benitez Vibart y Mirella Pascual, que tendrá su première mundial en la Quinzaine el 15 de mayo.
-En diálogo con OtrosCines.com, Toscano explica la génesis, la compleja producción y las búsquedas de este inquietante y provocador film, cuyo lanzamiento comercial en la Argentina está previsto para el 7 de junio.

El motoarrebatador narra la historia de Miguel, un ladrón de poca monta que se arrepiente de haber herido gravemente a una mujer para arrebatarle la cartera, e intenta redimir el daño que hizo. Pero su pasado lo persigue y le impide comenzar una nueva vida. Filmada íntegramente en Tucumán, esta película liderada por las compañías Rizoma y Murillo Cine se hizo en coproducción con Oriental Features (Uruguay) y contó con el apoyo del INCAA, ICAU, Programa Ibermedia y el Gobierno de la Provincia de Tucumán.

-La historia se inspiró en un hecho real, un arrebato ocurrido hace más de diez años, cuando dos motoqueros arrastraron a tu madre para quitarle la cartera. ¿Podrás contar cómo evolucionó el guión desde aquella situación inicial hasta la historia que finalmente filmaste?

-La idea de esta película gira en mi cabeza desde hace muchos años. Incluso el título El motoarrebatador, que usa la prensa tucumana para nombrar a los más conocidos motochorros, ya me parecía un término digno de ser el nombre de una banda de rock, de un cómic o de una película de acción. Pero fue en estos últimos cuatro años cuando sentí que la temática había adquirido una vigencia incuestionable. La inseguridad pasó a ser uno de los temas más debatidos en la sociedad argentina. Los motoarrebatadores pasaron a ser el eje de la discusión. Los casos se multiplicaron y encontraron su antagonista en los linchadores. La venganza por mano propia se volvió tan normal como los arrebatos. De esta lucha de clases, penosa y violenta, me inspiré para generar esta comedia dramática pensada para llamar a la cordura. Mediante el humor negro intento ir en contra del prejuicio social que ampara al linchador y, mediante el drama, intento despertar conciencia en los arrebatadores. No sé si serán efectivos mis métodos, pero me interesa poner sobre la mesa esta problemática tan contemporánea y aportar mi punto de vista del asunto.

En 2014 ya tenía una versión del guión cuando El motochorro de La Boca tuvo la brillante idea de asaltar a un turista que lo filmó con una GoPro y lo viralizó en Internet. El escándalo mediático que se generó alrededor de ese video puso en crisis el proyecto de mi película. De inmediato, apareció esa típica frase que dice “la realidad supera la ficción”, desvastando el trabajo que como guionista tanto me había costado hilar. Tardé casi tres años más con otras diez versiones de guión para recuperar la seguridad en el material que necesito para poder filmar una película. Tuve la suerte de ser tutoreado en distintas instancias. Sobre todo me vino muy bien una beca de la Fundación Carolina para poder concentrarme 45 días en Madrid, asistiendo al Curso de Desarrollo de Proyectos Cinematográficos del Programa Ibermedia en 2016. Después, llegaron al proyecto los tres uruguayos que me ayudaron a reescribir el guión y adecuarlo al presupuesto de rodaje, Gonzalo Delgado (director de arte y vestuario), Arauco Hernández (director de fotografía y cámara) y Sergio de León (asistente de dirección). Los tres sos guionistas y directores, y supieron ser parte de esa mesa chica con la que los directores debatimos todas las ideas.

-Más allá de concentrarte en las vivencias íntimas y familiares del motoarrebatador, hay un trasfondo social muy fuerte con una huelga de policías que da lugar a una serie de saqueos. ¿Por qué era importante ambientar la historia central en ese contexto?

-Recién cuando la línea central del relato estaba muy delimitada -la historia de una persona que se mueve invadido por la culpa, atormentado por sus actos y perseguido por su sombra, por su conciencia-, surgió la idea de relacionarla con el proceso de huelga de la Policía de Tucumán en 2013 y su contraparte, los saqueos a supermercados. En el contrato social algo se había roto en aquellas fechas y eso es lo que para mi representaba el espíritu de esta historia. Al principio ,ese contexto tan peculiar apareció como un marco en el que sucedía nuestro relato, pero con el correr de las versiones de guión ese marco se metió adentro del cuadro y pasó a ser parte de la estructura dramática. La participación en un saqueo significa en la película un quiebre emocional importante para el personaje principal y esta crisis lo conduce hacia su revelación. No quiero adelantar demasiado la utilización de este procedimiento, pero ese paisaje apocalíptico post saqueos tiñe toda la película de un tono oscuro y sombrío, la llena de un humo espeso; volviéndose así un paisaje interior, quizás una representación de lo que pasa en la cabeza del motoarrebatador.

La película fue adoptando la forma de un policial sin policías, un tratado sobre la inseguridad, incluso la inseguridad de los que salen a robar para mantener a sus familias. Una radiografía de la periferia de Tucumán, la ciudad más pequeña y superpoblada de Argentina.

-¿Cómo fue la transición de trabajar con un socio creativo en Los dueños a filmar solo?

Los dueños fue mi escuela de cine. Sin esa experiencia no podría haber encarado jamás esta nueva película. Sin embargo, lo que aprendí en aquel rodaje con mi socio Ezequiel Radusky, es que en una película el director jamás está solo, y por eso ahora nos podemos animar cada uno a conducir un proyecto distinto.

Lo emocionante de dirigir solo esta vez fue encontrarme más valiente para los riesgos estéticos que cuando discutía todas las escenas con Ezequiel. En Los dueños estuvimos demasiado pegados al naturalismo y rara vez logramos expresarnos mediante la puesta de cámara. Estábamos todavía muy cerca del teatro, nuestro lugar de seguridad. Esta vez fui tensando cuerdas y llegué a componer una obra mucho más abstracta.

-¿Cómo fue el proceso de casting y el trabajo de ensayo y en rodaje con el elenco elegido?

-El casting lo definí antes de escribir la película. Quería trabajar con estos actores. Escribí los personajes para ellos. Siento mucha cercanía con el elenco de esta película. Me es cómodo dirigir los ensayos y las escenas en rodaje, porque ya hemos tenido antes un entrenamiento en común. Como grupo nos gusta mucho la improvisación. Nos divertimos en cada oportunidad que tenemos de revivir la película. Somos como una banda de jazz que toca música clásica. Un ensayo y una toma tienen que sentirse vivos y nos esforzamos mucho para que esa llama no se apague. La confianza que generamos no es solamente entre director y actores, todo el equipo técnico se siente parte de este juego y participa activamente para que las actuaciones se vean libres y creíbles.

-Con Los dueños participaron en la Semana de la Crítica y con El motoarrebatador das un salto dentro de Cannes al ser seleccionado para la Quincena de Realizadores ¿Cómo ves este paso y qué expectativas tenés respecto de la participación en el principal festival del mundo y del estreno comercial previsto para pocas semanas después?

-Cannes es un abrazo para estas películas sin actores conocidos ni grandes presupuestos para promoción. Con el logo de la Quincena de Realizadores en nuestra película empezamos a tener un espacio de visibilidad que de otra forma no nos llegaría. Somos conscientes de que es un lujo venir de la Semana de la Crítica, pero era muy importante encontrar una ventana especial para mostrar El motoarrebatador y ahora que la hemos encontrado nos sentimos muy orgullosos con el trabajo que hemos terminado.

El estreno comercial en cines de Argentina está planeado para el 7 de junio. Apostamos por esta fecha tan próxima al festival intentando capitalizar el interés que podamos llegar a causar desde que se vea en Cannes. Los dueños se estrenó más de un año después de su paso por festivales y era lógico que no sonará a novedad.

Esta historia tiene un tema que me parece que es más comercial que la anterior. Esperamos la polémica, si bien sabemos que el éxito de público es para otro tipo de producciones, nos gustaría que se debata a partir de la película.

-¿Cómo ves la situación del cine independiente en general y desde una perspectiva tucumana en particular?

-Me entristece cuando terminamos de filmar una película. Hacemos una fiesta de fin de rodaje, pero deberíamos cortar una ruta o hacer un piquete en el centro de la ciudad porque una película que se termina es una fábrica que se cierra. Es durísimo en Tucumán porque sabemos que la próxima posibilidad de estar en un rodaje es escasa y muy competitiva. Somos trabajadores golondrina. Nos tenemos que mover por el país siguiendo la cosecha. Estamos en estado de precariedad y desarraigados casi siempre. Espero de verdad que esta película acerque más la industria audiovisual internacional a nuestra provincia. Pero, incluso cuando el cine tucumano ha pasado de ser inexistente a tener un cierto reconocimiento, vivimos tiempos muy difíciles para los cineastas. Necesitamos un flujo de películas mucho mayor para poder volver rentable la actividad que elegimos. A mi ritmo, una película cada cinco años, no hay ninguna posibilidad de subsistencia. Sigo dedicado a mil otras cosas para mantenerme vivo entre películas. Me encantaría filmar una película por año. Hasta ahora era un deseo, pero ahora siento que se está volviendo una necesidad.

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